Soñar en grande sin perder el piso (parte II)

Con Patricia

Cuando conocimos a Patricia era como estar hablando con alguna de nuestras madres, ella es dulce, cariñosa, y nos trata como a sus hijos sin conocernos. Sólo sabíamos de ella que también pertenecía a una de las familias más poderosas de Guatemala y que había perdido a su marido, un empresario exitoso, en un trágico accidente aéreo que fue lo que la llevó a empezar junto con sus 3 hijos una Fundación que está mejorando la Educación Pública del país a través de la tecnología.

Patricia recuerda con mucho dolor la pérdida de Sergio hace 11 años, y que junto con sus hijos querían hacer algo por Guatemala, algo que hiciera la diferencia. Pensaron en algo que lo representara a él, y lo resumieron en: enseñanza, niños, computadoras. El daba clases por la mañana ad honorem en la Universidad, amaba a los niños y era fanático de las computadoras, “Era medio genio,” dice Patricia con una sonrisa, “necesitábamos algo que lo reflejara y entonces encajó de maravilla: la idea era reciclar computadoras para las escuelas primarias públicas, nunca pensamos que iba a ser algo grande, porque era algo que hacíamos de corazón por Sergio, para ayudar a los niños de Guate, pero ¿cuánto podíamos hacer? No conocíamos el tema ni cuántas escuelas públicas había, no nos metimos a hacer un estudio de mercado, sólo nos embarcamos en el proyecto, ¡y nos fue dando un aprendizaje impresionante!”

Empezaron a trabajar con el Ministerio de Educación de Guatemala, para poder incorporar todo el estudio ya hecho por ellos. “A la Ministra le encantó el proyecto, así que nos apoyó desde el principio. Esta idea realmente venía de una fundación de Colombia que hace algo parecido, entonces trajimos personas de allí que nos asesoraron y empezamos ‘piano piano’, consiguiendo computadoras de las empresas cuando recambian, y llevándolas a un depósito donde hay muchachos jóvenes que abren, arman, ensamblan; les pudimos poner licencias de Microsoft, y esa fue una de las cosas que dije, ¡Esto tiene que ser de Dios! Ellos justamente estaban buscando una empresa para asociarse en temas de educación y nosotros recién empezábamos, no éramos nada, y la Ministra nos juntó. Mi hijo mayor es el alma de la Fundación, el que realmente la ha manejado siempre; le encanta, tiene pasión por ayudar, el tiene todo el charme, es un genio. Así que imagínate que Microsoft quedó encantado, y con eso nos dieron las licencias a un precio simbólico, eso nos dio un gran empujón para arrancar, ya que entre mis hijos y yo poníamos los fondos para el proyecto, teníamos este sueño, pero nada más.”

FunSePa (Fundación Sergio Paiz) arrancó en el 2005, intentando cambiar ese dolor que compartía la familia, por algo productivo. “Aquí había muchos más problemas de educación de los que creíamos, aquí la deserción es muy fuerte, del 50% en 3er grado, (8 años), y del otro 50% la mitad no llegaba a terminar 6to grado, a los 11 años ya estaban en la calle. Esperemos que algún día lo que hacemos contribuya a minimizar ese riesgo. Empezamos con una escuela y ya llegamos a 915 en el país, ¡y es tan sólo el 5%! Aunque son 14.000 computadoras repartidas y 360.000 niños beneficiados, nos falta mucho. Cuando vimos lo que estaba sucediendo a nivel escolar, nos dimos cuenta que vale la pena.”

Patricia y sus hijos comenzaron con una pequeña gran idea que terminó siendo la punta de un iceberg, llevándolos a caminos impensados. Una cosa lleva a la otra, y se dieron cuenta de la necesidad que tenían los profesores de esas escuelas de aprender para poder contagiar a sus alumnos y acompañarlos en el proceso de inserción de la tecnología. La ministra nos pidió que los capacitemos, y entonces armamos un programa y ellos venían con mucho esfuerzo, pero nos dimos cuenta ¡que no tenían computadoras para practicar! Entonces les dieron facilidades para que pudieran comprarlas, y nosotros creímos que serían cerca de 5.000, pero ¡fueron 50.000! Claro que había que capacitarlos, y yo dije: ‘Pero nosotros no hacemos eso!’ Claro, ¡hasta ahora! Salvador dijo: ‘Sí, mamá, ¡sí se puede! Vamos a encontrar la forma,’ y les dijo que sí. Entonces se armó ‘Abriendo futuro’, para poder darle clases en sus propios pueblos, y Microsoft nos ayudó con un porcentaje de cada computadora vendida. Llevamos 90.000 profesores capacitados, ¡tú no tienes una idea de la sed de aprendizaje de este profesorado! También les damos otro tipo de instrucción en valores y ¡ellos quieren más! Ha sido un gran éxito, porque las escuelas que ya tienen computadoras, ahora también tienen profesores mejor capacitados, muy contentos y motivados; se les trata de devolver ese empoderamiento, ese orgullo de ser maestros porque realmente están haciendo un trabajo mucho mejor del que podrían haber hecho. Esto sin duda que no estaba en el radar ¡y salió! ¿Y de dónde crees que vino esa Providencia?”

Con los años fueron perfeccionando el modelo, con algunos lineamientos básicos que deben cumplir las escuelas para poder recibir las computadoras: “Se les pide que tengan piso de material, que no sea de tierra, que tengan un inodoro, −no excusado−, que tengan aula con pupitres, puerta con llave, ventana con rejas, y que no tengan goteras. Ellos tienen que ocuparse de conseguir todo, hacen rifas, kermesse, etc. Entonces esto les ha servido para subir de nivel, entonces quizás pintaron un aula para las computadoras y después pintan el resto. Sólo les pedimos a cambio que tienen que cumplir con estos 5 parámetros. Y todo se vuelve un lugar lindo, donde tienen pupitres donde sentarse, piso de cemento, etc. cuando quizás en su casa no lo tienen. Una dignidad mínima, para los niños y los maestros.”

Es un círculo que cierra perfecto, las empresas compran nuevas computadoras, desechando las antiguas a la Fundación, y ellos se encargan de reciclarlas y dejarlas en condiciones. Sin duda que cuando llega el momento de repartirlas todos quieren ir: “Ir a las escuelas es una experiencia que te toca el corazón, nos reciben como si fuéramos Santa Claus, y en realidad sólo llevamos 15 computadoras. Nos recibe la Reina de belleza, nos esperan con un cafecito, un tamalito, las niñas quieren sacarse fotos con nosotros; es una cosa que toca el corazón cuando ves lo que hacen esas 15 computadoras. Cuando realmente ven que los beneficios llegan, se mueven por cuidar el lugar. Ahora los papas piden clases, quieren saber que es todo este rollo que viven sus hijos. Estamos logrando que, sin cambiarle la vida al indígena, se puedan entender en un idioma en común, ¡nosotros tenemos 33 dialectos en Guatemala!”

La familia se fortalece con cada desafío, y aunque 2 hijos vivan en Estados Unidos, las distancias no los alejan. “Con mis hijos nos mantenemos ayudando, muy comprometidos, pero nuestra mayor debilidad es pedir a terceros, tenemos que desarrollar más habilidades para poder seguir adelante. Ahora puedo hablar de la Fundación con tanto orgullo, antes me costaba porque todo me hacia acordar a él, pero todo esto, ha ido mas allá de nuestras expectativas en todo sentido y de verdad Dios quiere que sigamos, porque con todos los problemas que surgen, nos sigue acompañando.”

—> Si no leiste la parte I, podes encontrarla aca: Soñar en grande sin perder el piso (parte I)

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5 pensamientos en “Soñar en grande sin perder el piso (parte II)

  1. Gracias Mechi y Diego, nosotros desde aquí vamos “creciendo” con esta maravillosa gente que la Providencia pone en sus caminos. Un abrazo fuerte Maria Marta y Roberto

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