Pastoreando a cielo abierto

Si hay una persona en todo Baton Rouge, Louisiana, USA, que sabe perfectamente lo que se siente al estar en las calles de noche, con frio y hambre, ese es el Pastor Joseph Moore. El mismo experimentó lo que se siente vivir en la calle cuando se jubiló del Cuerpo de Bomberos, se divorció y no tenía casa: “Ahí fue cuando realmente empezó todo para mí, no se lo recomendaría a nadie, pero así fue como recibí mi llamado particular.” El Pastor Moore ahora lidera “Open Air Ministries” (Ministerios a cielo abierto), ayudando a los necesitados, especialmente los que viven en situación de calle, proveyéndoles alimentos y ropa, literalmente a cielo abierto, en un estacionamiento descubierto. Su trabajo voluntario requiere una gran coordinación y organización, combinada con predicación, amor y entrega.

Antes de deambular por las calles buscando personas necesitadas como lo hace ahora, llevándoles mantas, bufandas o guantes, trabajaba de bombero y era Pastor de 3 Iglesias Metodistas al mismo tiempo. En ambos trabajos ayudaba a las personas hasta cierto punto, pero no tanto como ahora, en este acercamiento cara-a-cara. “Era realmente un llamado, porque el ministerio no está muy bien pago, entonces no lo haces por la paga, lo haces por Amor. Mi salario era alrededor de $800 por mes por ‘pastorear’ las 3 Iglesias, pero al hacer el trabajo de Dios, no hay dinero al cual aferrarse”, recuerda y comparte con su acento inglés sureño con un acentuado africano-americano que nos resulta complicado entender por momentos.

Hace ya unos cuantos años, empezó como voluntario en el YMCA (Asociación de Jóvenes Cristianos), trabajando con Ginger Ford en un programa donde ayudaban a las personas de la calle, saliendo a repartirles ropa, comida, calzado, artículos de higiene personal, etc. “Yo solía ir a predicar, al poco tiempo me pidieron que vuelva; así que ya hace 8 años que se viene haciendo este oficio de Domingo de Oración, así como ir ayudarles los lunes, miércoles y viernes con ropa y comida. Algunas veces a la noche si hace mucho frio salgo a recorrer la ciudad buscando gente necesitada; realmente ya sé dónde encontrarlos. Mi trabajo es ser su pastor, encontrarlos y saciar sus necesidades básicas, proveerles ropa de abrigo, mantas, medias, guantes, cualquier cosa que los mantenga calentitos.” Realmente parece simple, pero les aseguro que no lo es, sino estaría lleno de Pastores Moore a la vuelta de la esquina. A su vez, el  Pastor Whitney nos recuerda: “Les aseguro que no quieren estar ahí afuera a la noche con él, no lleva armas, pero lleva a Jesús a esos lugares peligrosos.”

En un país con tal diversidad religiosa, estamos asombrados por la forma en que unen esfuerzos para poder abarcar más gente en su ayuda. P. Moore coordina la ayuda que recibe de varias Iglesias distintas: Presbiteriana, Bautista, Metodista, Católica y St. Vincent de Paul (entidad de Caridad); quienes abrazan el proyecto y alientan a sus feligreses a tender una mano a los necesitados. Cada Iglesia tiene la responsabilidad de cocinar o donar comida un Domingo por mes, que a veces también puede ser armar bolsas de artículos de higiene, bolsas de comida, guisos, sándwiches o ropa.

Como voluntario del YMCA, el Pastor Moore también recoge la ropa que la gente dona en los centros YMCA (gimnasios, guarderías, etc.) en una van que le proveen para ello. Las donaciones de comida del Banco de Alimentos de Baton Rouge también son recogidas 3 veces por semana, oportunamente cumpliendo lo su slogan ‘El nexo entre el hambre y la esperanza’. Con una breve impresión de esta gran organización pudimos comprobar como muchos camiones y autos eran llenados hasta el techo con naranjas, manzanas, galletitas, papas fritas, gaseosas, bananas etc. El se asegura que todo llegue a las manos correctas, y provee generosamente.

Una vez que la van de la YMCA está llena de ropa y comida, nos apretujamos adentro y ayudamos a acomodar todo en el estacionamiento descubierto antes de que llegue la gente. El Pastor Moore también tiene la posibilidad de trabajar con personas que tienen que cumplir horas de servicio comunitario. Claro que los hace trabajar, ayudándolo, pero como un padre cariñoso, siempre está listo para darles una mano, así como sanar sus corazones. Alex*, quien está haciendo trabajo comunitario hace un tiempo, nos conto que la primera vez que conoció al Pastor Moore, quedó impresionado cuando lo escuchó predicar, como hacía que la gente lo escuchara, y tocaba sus corazones. Hoy hay 6 hombres y una mujer listos para ayudar y cumplir horas de servicio, y dos voluntarios. El Pastor Moore le encarga tareas a cada uno en dos segundos, y se dirigen a sus puestos. Algunos distribuyen la ropa en el suelo del estacionamiento y otros acomodan las cajas de comida sobre una larga mesa donde la irán repartiendo.

El Pastor Moore recibe a todos y los reúne para hacer una oración antes de que comience la entrega de comida y ropa. Es amoroso y estricto a la vez, lidiando con caprichos de cambios de comida cariñosamente. Seguramente le recuerdan a cada minuto lo que se sentía al estar en la calle, “Ese era Dios entrenándome para este ministerio en particular, pero realmente yo no lo sabía en ese momento. Era muy doloroso pero fue una experiencia de aprendizaje muy importante. Después empecé a trabajar como voluntario y de a poco comprendí ese llamado, podía ponerme en sus pies y entender lo que estaban pasando porque yo mismo había pasado por mucho de eso, ese fue el ministerio que Dios había elegido para mí. Pero tuve que pasar por ese proceso para lograr entenderlo.”

Los domingos, casi 300 personas en situación de calle se juntan en el estacionamiento descubierto del centro de Baton Rouge para ser parte de este Oficio de Oración, parte de una Iglesia independiente, como el Pastor Whitney recalca: “El predica a quien acuda, guiado por el Espíritu Santo. Todo el mundo en Baton Rouge lo conoce.” El Pastor Moore nos cuenta que es en estas ocasiones donde “Quizás 10 personas eligen volver a entregar su vida a Dios, y quizás otras 10 aceptan al Dios por primera vez. Desde que estamos ‘aquí afuera’, mas de 2000 personas han entregado sus vidas a Dios. Hay una cierta paz interior en hacer esto, que realmente te cambia; pero a la misma vez, ayudas a alguien, y acoges a alguien! Entonces, cuando soy su pastor, no estoy mirándolos desde arriba, sino acogiéndolos y haciéndoles saber que Dios los ama, que nosotros los amamos, y que éste soy yo, y estoy aquí para ellos. Yo no fui llamado a juzgarlos sino a amarlos, ese es nuestro objetivo principal, asegurarles que no van a estar solos nunca más. No es solamente predicar, sino volcarla en acción. A veces es difícil, pero El me dijo que no los vea como son, o como huelen, sino como si fueran recién nacidos, antes de contaminarse con el mundo, como cuando sus madres los parieron. Cuando predico, no los veo a ellos, veo a Jesús; con eso se va todo lo demás que no hace falta.”

Realmente se nota que lo que hace viene del fondo de su corazón, como él lo traduce en palabras: “Amo hacer ésto, poder vivir una vida simple con mi cheque de jubilación, no me interesan las cosas materiales. Voy a tener 65 en mayo, y sé que llega un momento en el que tendré que dar un paso al costado y dejar el lugar para las nuevas generaciones. Quiero viajar, pero también predicar y ayudar a la gente de la calle dondequiera que vaya. En este momento no cambiaría esto por nada del mundo, lo amo.

*Alex es un nombre ficticio

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