Don Carlos y Don Raúl

Los primeros sorprendidos fuimos nosotros. Sin buscarlo demasiado, un amigo casi hermano nos pasó el contacto de Carlos, quien nos inició y nos terminó de convencer de la decisión del vehículo para el viaje. Sin querer, estaba empezando a participar en esta aventura. Fuimos a conocerlo con mil preguntas prácticas; el nos abrió las puertas de su casa, compartió su experiencia, nos ayudó a organizarnos y lo más importante: nos dio de comer las milanesas más ricas del mundo hechas por Ana, su mujer. Sigue leyendo

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